Por Roberto Leiva
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Algunos la llaman justicia divina. Otros prefieren pensar que se trata de una mano justiciera que alcanza y hostiga desde el más allá a todos aquellos que obraron con malicia y cobardía en perjuicio de sus semejantes. Tal vez apoyados en ese punto de vista hay quienes intentan explicar lo que supuestamente estaría ocurriendo en la actualidad en torno al caso Ángeles Rawson, de cuyo asesinato aún perdura el estremecimiento y la zozobra que en su momento impregnaron, y para siempre, a nuestra sociedad.
La sospecha de que algo muy raro está sucediendo alrededor de esta terrible historia que cumple justo hoy un año y cuarenta días, y que acaso alcance un punto final dentro de unos meses con la sentencia definitiva del único imputado, se fundaría en una serie de extraños acontecimientos que tienen que ver con la vida de algunos de los personajes que intervinieron en aquella especie de reality show mediático en el que derivaron los pormenores de la investigación del crimen. Por supuesto, también estarían incluidos el supuesto autor del homicidio, su familia y el estado actual de los principales escenarios donde se desarrollaron ciertos hechos que jamás fueron debidamente esclarecidos. Pero vayamos por partes, atentos a un dato preciso que por estas horas sacude el raciocinio y lo transporta al plano sobrenatural, donde aparecen ciertos enigmas que para muchos de nosotros pueden ser indescifrables. Una versión periodística publicada en un portal de noticias de la Ciudad de Buenos Aires se refiere a la aparición de un espíritu errante y angelical que, se supone, desciende del cielo con el propósito de reivindicar la memoria de la joven que mataron en Palermo, cuyo cadáver, por obra macabra de las mismas manos asesinas, fue a parar al basural de José León Suárez, donde fue hallado veinticuatro horas después.
Personajes en decadencia
Casi todos la están pasando muy mal, según indican los últimos datos referidos a quienes sobrevivieron a Ángeles. Se dice que hubo alguien que se ocupó de reconstruir en qué andaban un año después de la muerte todos los que inventaron leyendas perversas alrededor de la intimidad de la escolar y que, en pocos días, concluyó que la mayoría de esas personas está envuelta en una especia de tsunami de pesadillas y sufrimientos. En primer lugar Jorge Mangeri, cuyo destino, aparentemente, es pudrirse en la cárcel. A simple vista es un paria que deambula y se refriega en las paredes de la celda. Lo oyeron hablar solo, sin ton n i son, y llorar por las noches. Se mueve al borde del delirio como si fuera un fantasma.
Su mujer Diana Saettone es como un alma errante. Va de un lado a otro y cambia su fisonomía para no ser reconocida. Cuentan que cayó en un pozo depresivo, descuidó su aspecto y se encuentra aislada de todo. Su sobrina atraviesa dificultades en su personalidad e intenta rescatar algunos datos de su vida anterior.
En cuanto a lo que estaría ocurriendo con el abogado Miguel Ángel Pierri, las mismas fuentes indican que en primer término tuvo que soportar el escándalo de su vida personal, ya conocido por todos, además de su salud deteriorada que, según explican, no es un tema menor. En relación a su actual desempeño como profesional, un investigador del crimen relató que lo vio muy disperso y con escasa predisposición. El conocido letrado sentiría desprecio en las miradas y comentarios. Un allegado reveló que la causa le generó conflictos en varios frentes y que la recuperación va a ser muy costosa para su salud. “Una vez soñé con Ángeles. Me levanté muy mal y me fui al penal. Me dije: ‘Quiero saber algo más’”, relató el abogado. Comentó que fue a visitar al portero y que su mirada le decía: “Yo no fui”. Por último, Pierri confesó: “La causa Ángeles Rawson fue una bomba que explotó en mi pareja”.
En tanto, uno de los peritos forenses que implicó a la joven en prácticas aberrantes parece haber salido de circulación y la está pasando realmente muy mal. Dicen que su sola presencia produce vergüenza ajena.